Sexualidad Navideña

Hoy te presentamos a Violeta, en este relato navideño ella nos cuenta cómo ha empezado su Navidad.

La Navidad ya está aquí… Y aún no me he recuperado de la última!!!

Por una cuestión de espacio estas fiestas las celebramos en mi casa. Mi “geme” y yo siempre nos curramos un árbol muy chulo, es nuestra pequeña tradición. El año pasado además tuvimos la “indispensable” ayuda de Malena, nuestra hermana pequeña, y aunque nos mosqueamos unas cuantas veces porque no dejaba de chuperretear los adornos, también fue divertido ampliar el equipo. Y es que con 14 años nos convertimos en hermanos mayores… así, de golpe, sin anestesia ni nada… casi me quedo muerta cuando mis padres nos dieron la noticia, yo que no pensaba que siguieran teniendo sexo… y mucho menos que mi madre se pudiera quedar embarazada todavía!! Muy fuerte la verdad, pero creo que nos hemos adaptado todos guay.

Mi abuela no llevaba ni una hora en casa, y mientras acabábamos de decorar la mesa ya me estaba preguntando si tenía novio (esto se repite cada vez que me ve, no es exclusivo de la navidad). Hacía seis meses que le había contado a mis padres que era bisexual, y mientras resonaba en mis oídos la voz de mi abuela levanté la vista, y ví como mi madre me miraba… esa media sonrisa cómplice en su cara fue sin duda uno de los momentazos de la noche… y pensar que me costó un triunfo decírselo. Ya sabía que no me iban a odiar ni nada por el estilo, pero tardé mucho en reunir el valor. No es fácil salirse de la norma, de lo que la gente espera de tí.

Mis tíos estaban entrando por la puerta, olía a langostinos toda la casa y yo no sabía que era, pero tenía una sensación rara rarísima en el cuerpo. Sólo me faltaba ponerme mala en vacaciones… no, no podía ser así que hice como si nada, ni caso. Hasta que fuí al baño y toma ya!! Me viene la regla!!! Mi primera regla!!! Ufff vaya subidón!!! Todas mis amigas que ya la tenían no paraban de decir que era un rollazo y que te volvía loca, pero yo estaba deseando que llegara… las mujeres que me rodean nunca me habían hablado en negativo de la menstruación, más bien al revés, siempre con mucha naturalidad, diciéndome que era algo que venía con este maravilloso cuerpo de mujer. Y precisamente esta noche llega…

Se lo conté a mi madre que no dijo nada, pero me largó un abrazo de osa con los ojos llorosos que por poco me estruja. A la hora de la cena ya lo sabía tooodo el mundo, así que estaba en un punto entre morirme de vergüenza y matar a mi madre. Sobre todo cuando a mi tía Vero le da por decirme que no me preocupe, que me van a empezar a crecer las tetas a partir de ahora. La verdad es que a mí me gustan mucho mis tetas, no necesito que sean grandes, pero si hubiera dicho algo mis pechos acabarían siendo los protagonistas de la noche. Aguanté ese minuto gracias a un patadón en toda la espinilla que me dió mi hermano (que yo le devolví, por supuesto).

Era la primera vez que cenábamos en la “mesa de los mayores” pero eso no significaba que nos consideraran adultos. Hay que ver cómo les cuesta dejarnos crecer, pero bueno, yo ya tenía la regla así que me sentía como si estuviera en arena 12 en el Candy Crush, era mi día y estaba flotando.

Lo de los regalos fue genial. Lo primero que abro lleva dentro unos calcetines bien gorditos y abrigadinos, de estrellitas con un lazo a un lado que por poco hacen que me sangren los ojos. No me los pensaba poner ni bajo amenaza, pero un “ooooohhhhh qué chulos” salió de mi boca (ahí reconozco a la niña educadita). Y teniendo en cuenta que hacía un rato mi primo Marcos y yo habíamos estado en mi habitación probando a ponerle preservativos a unos plátanos, la situación era muy cómica. Marcos se estaba partiendo de risa, pero yo pensaba: “si, si, ríete que a tí te va a caer un pijama de superhéroes fijo!!!”

Dejé para el final un paquete envuelto con mimo en papel rojo y con una cinta morada que llevaba mi nombre (me gusta dejar siempre lo bueno para el final). Ya sabía que era de mi tío Juan, sin duda el más enrollado de la familia. Era un libro sobre Frida Kalho, el tío Juan nunca falla.

El resto de la noche entre risas, selfies, una partida al Party y nosotros poniendo la oreja a las conversaciones de los mayores, no tuvo desperdicio.

Cuando ya se había acostado todo el mundo aún me quedé un rato largo encima de mi cama. Con los auriculares puestos y cantando bajito “Born this way” de Lady Gaga no sabía si llorar o ponerme a saltar hasta desmayarme, así que hice las dos cosas a la vez. Supongo que será la montaña rusa de emociones que tiene la pubertad.

Este año Tamara va a venir después de la cena. Mi padre me dijo que la invitara, es tan “rara” que la encuentra interesantísima. Vive cerca y tiene muchos rollos familiares, así que también se siente un poco protector con ella. Va a ser un bombazo jijiji. Llevamos unos meses saliendo y me gusta mucho… cada vez que me roza me palpita la entrepierna. No sé si es amor, pero mola que te cagas.

En fin… vamos allá Navidad!!!

Imagen de cabecera de este relato, obra de Vero Rodríguez, ilustradora de Me pasa a veces

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